Katerine Marisol Gómez Guillén, oriunda de Capiatá, es la primera egresada oficial de una tecnicatura bajo el sistema unificado de las Becas Gobierno del Paraguay. Con mucho esfuerzo, en el 2025 culminó la Tecnicatura en Mecatrónica Industrial en el Servicio Nacional de Promoción Profesional (SNPP) y su historia es un ejemplo de cómo la educación técnica puede abrir puertas y cambiar destinos.
Desde el colegio ya se había acercado al mundo de la mecatrónica, pero fue un profesor quien le mostró que podía continuar la especialidad en el SNPP. Esa orientación marcó su camino. En el tercer año de la carrera llegó la etapa de pasantía: 500 horas de práctica obligatoria que le permitieron demostrar sus conocimientos y quedarse en la empresa donde realizó las prácticas.
“La mecatrónica abarca muchas áreas: electrónica, electromecánica, electricidad, robótica. Eso hace que las empresas busquen cada vez más técnicos preparados”, explica Katerine, quien hoy se desempeña en el sector privado gracias a la formación recibida.
El trayecto no fue sencillo. Ella recuerda que, viviendo en la ciudad de Tobatí, debía levantarse a las tres de la mañana para viajar hasta la capital. Su madre la acompañaba hasta la parada y recién a las siete llegaba a clases. Entre pasajes, desayuno y largas jornadas, los gastos eran altos. “La beca fue una gran ayuda para poder terminar la tecnicatura”, afirma con gratitud.

Más allá de su experiencia personal, Katerine insiste en que las tecnicaturas ofrecen una rápida salida laboral y que no deben ser vistas como inferiores a una carrera universitaria. “Todo conocimiento aporta al desarrollo de la sociedad. Lo importante es que los jóvenes encuentren un camino que les apasione y que les permita crecer”, sostiene.
Señala que hace falta más información y promoción para que los jóvenes del interior conozcan estas oportunidades. “Que los profesores lleven folletos, que se organicen ferias, que los estudiantes visiten los centros de formación. Eso puede marcar la diferencia en sus decisiones”, enfatiza la joven estudiante.
La historia de Katerine inspira a otros jóvenes paraguayos a animarse a estudiar, ya sea una carrera universitaria, una tecnicatura o formación docente. Porque cada paso en la educación es una inversión en el futuro personal y en el desarrollo del país.






