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Medio Ambiente
Productor frutihortícola alienta prácticas sustentables en la Reserva de Biósfera ITAIPU
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28/09/2021

Producir sin generar daño al ambiente ni poner en riesgo la salud de los seres vivos es la máxima con que el horticultor Pedro Miguel Blanco trabaja su huerta en Puerto Indio, distrito de Mbaracayú, Alto Paraná, alentando de esta manera las prácticas sustentables en la Reserva de Biósfera ITAIPU (RBI).

En un espacio de tres cuartos de hectárea, Blanco cultiva al menos diez variedades de hortalizas, verduras y algunas frutas para consumo familiar y venta a los pobladores de la zona. Esta diversificación responde a dos motivos fundamentales: uno, para cubrir los distintos requerimientos de consumo de una población que se encuentra alejada de la zona urbana; y dos, para aprovechar al máximo el terreno sin necesidad de derribar árboles para aumentar el área de producción.

La huerta está situada a poca distancia de la franja de protección del embalse de la hidroeléctrica ITAIPU. Se encuentra rodeada por un tupido bosque que ha sido reforestado por el propio productor. Blanco no está dispuesto a sacrificar estas especies por nada, porque las considera como el “mejor seguro de vida” para él, su familia y para toda la población.

Para combatir las malezas, recurre a la práctica tradicional del uso de la azada antes que a los herbicidas. La materia orgánica retirada no se quema ni se desperdicia, sino que es destinada a generar abono mediante técnicas regenerativas, comenta. También incorpora nutrientes al suelo con el uso de abono orgánico producido por vacas, cerdos y gallinas de su propiedad.

El agua es vital para sustentar la producción frutihortícola. Mediante el sistema de abastecimiento construido por ITAIPU en el lugar, Blanco prevé complementar los dos pozos con que trabaja, de modo a cubrir sus requerimientos y así asegurar el buen rendimiento de su cultivo.

En medio de sus actividades, el productor se tomó una pausa para dejar un mensaje sobre la importancia de cuidar el ecosistema del territorio en que está asentado. “La Reserva de Biósfera ITAIPU es de todos, pero eso no significa que debemos usarla mal. La destrucción de la naturaleza no trae nada bueno. Podemos trabajar en armonía con ella y así ganamos todos”, reflexiona.

La RBI abarca más de un millón de hectáreas en los departamentos de Alto Paraná y Canindeyú, en la zona de influencia del embalse de la hidroeléctrica ITAIPU. Fue incorporada a la Red Mundial de Reservas de Biósfera de la UNESCO en el 2017, considerando su importancia para biodiversidad que alberga el Bosque Atlántico del Alto Paraná.